En un momento de incertidumbre sobre el futuro de Medio Oriente, no se puede dejar de lado a un importante actor, indirectamente involucrado en las hostilidades a favor de los persas, siendo para los últimos requerimiento innegociable el fin del conflicto dentro de sus fronteras para sentarse a negociar una paz definitiva. Estamos hablando de la República Libanesa, estado multiétnico y pluri religioso, el cual sus propios desórdenes y los de sus conflictivos vecinos han moldeado a un gobierno en constante deterioro y a una violencia sectaria que toma las riendas de la vida cotidiana, sin poder establecerse en los hechos un estado nación propiamente dicho.
La historia moderna del país (cuyo entendimiento es crucial para entender la decadencia contemporánea) puede remontarse hacia los inicios de la ocupación francesa tras la Gran Guerra y el colapso del Imperio Otomano. Cuando concluyó el conflicto, Francia tomó las riendas del territorio en cuanto a lo político y militar, aunque ya existía una influencia francesa que databa de siglos atrás, con protecciones a los cristianos Maronitas, expansión de la lengua y cultura, conformación de una constitución y un fuerte impulso en la creación de centros educativos e infraestructura. Durante el periodo colonial es que se establece el prestigio del lugar (sobre todo de la capital Beirut) como un enclave europeo en el medio del “atrasado” mundo islamico, con edificaciones parisinas, cafés, teatros, comercio y una cultura propia, que no tenía nada que envidiar a cualquier metrópoli europea. Desde París se apoyaba a la población cristiana, estableciéndose una élite que gobernara junto a los francos el llamado Gran Líbano, predecesor del estado actual.
De todos modos, el territorio estaba poblado por una multitud de grupos religiosos: desde musulmanes sunitas y chiitas, pasando por ortodoxos griegos, maronitas, drusos y demás congregaciones. Cada una tenía sus propios intereses y sociedades aparte, no estando todos a favor de una gobernanza colonial cercana a Francia o de un acercamiento mayor hacia el mundo islamico. Para regular las relaciones entre los grupos religiosos, la constitución de 1926 y el Pacto Nacional de 1943 establecen lo que sería (continuando de manera relativamente estable hasta el dia de hoy) el contrato social que permitiría posteriormente la formación de un estado nación, diluyendo relativamente los intereses de cada grupo por un camino general: el Primer Ministro sería sunita, el Presidente maronita, el Vicepresidente ortodoxo griego, el Jefe del Estado Mayor druso y el Presidente del Parlamento chiita, dejando también una representación parlamentaria más favorable a los cristianos. Las distintas comunidades religiosas debían estar representadas equitativamente en los cargos públicos. Ya los cristianos no tenderían a buscar dependencia de París ni los sunnitas a tender a una visión en torno a una integración al mundo arabe. A partir de este momento el Líbano consolidaba de facto una identidad nacional propia, que le permitiría imaginar la idea de una independencia formal, lograda recién después de la caída del Tercer Reich y la recomposición de la autoridad francesa.
Ya independiente, Líbano mantuvo su contrato social de manera relativamente estable, consolido su fuerte posición económica como centro financiero, desarrolló gran parte del país, mantuvo su sistema parlamentario (aunque siempre con críticas por una desigual representación de grupos musulamnes), se perfiló como destino turístico y se estableció como una zona de paz, finanzas y convivencia en medio oriente.
Beirut, la capital y principal ciudad del país, empezó a albergar a cientos de miles de nuevos habitantes, que huían del pobre y poco desarrollado desierto o montaña para vivir cerca de la joya de la corona del sistema libanes, donde las oportunidades y promesas abundaban. Con el tiempo se consolidaron cinturones de pobreza, divididos en barrios divididos por cuestiones religiosas, donde primaba la marginalidad y la desigualdad, además de la escasez de bienes y servicios.
La estabilidad religiosa, ya algo marchita por diferencias en la estructura del gobierno y el reparto del poder, se siguio fragmentando con la guerra civil entre el gobierno cristiano prooccidental y los musulamnes panarabistas en 1958, y posteriormente con el establecimiento de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en el país tras su expulsión de Jordania en la década de 1970. La izquierda armada palestina instaló bases y campamentos alrededor del país, atrayendo a muchos musulmanes locales, que veían en ellos un ejemplo de lucha contra los sistemas injustos (en relación al supuesto favoritismo de los cristianos en la sociedad y política) y, además, se propagaba por la región una idea que rompía las bases del contrato social libanes: la idea del panarabismo, de que se debía de apoyar a sus hermanos árabes para establecer a futuro una patria mayor, desechando así la idea del estado pluralista libanes. La visión de un Líbano como una nación con identidad propia o como parte de una unidad de estados árabes se difundió ampliamente en aquellos años, sobre todo tras la victoria de Nasser en la crisis del Suez y la retirada europea del mundo arabe.
La idea del contrato social era cada vez más lejana, estableciéndose organizaciones armadas en relación a las tendencias religiosas, dejando a las autoridades como simples espectadores, sin poder e influencia real. Los mismos cristianos, viéndose amenazados por el aumento de los movimientos islámicos, formaron sus propias milicias, que defendían la independencia libanesa y se oponían al panarabismo. Las comunidades se gobernaban nuevamente en sectas, diluyendo en la práctica la influencia que el estado libanes tardó décadas en consolidar.
La puja se terminó de desatar cuando el 13 de abril de 1975, en respuesta a un ataque anterior de las milicias panárabes, paramilitares cristianos atacaron un autobús lleno de palestinos, matando a más de 20 personas. Desde ahí se da inicio a la Guerra civil Libanesa, que duraría desde el 75 hasta inicios de la década de los 90, con el Acuerdo de Taif y la ocupación efectiva del territorio por soldados sirios. La “París de Oriente”, delineada por su estabilidad y firmeza, parecía ya un relato lejano con el colapso de facto de las instituciones que buscaban diluir las influencias sectarias. La capital se dividió en un área cristiana (este) y otra musulmana (oeste), divididas por la famosa “Línea Verde”, cuyo nombre hace alegoría al casi total abandono de la civilización a lo largo de su extensión, donde la naturaleza y los francotiradores abundaban.
La escalada interna llevó a la intervención de Israel y de Siria, principalmente por la presencia de la OLP como fuerza desestabilizadora, buscando sus propios beneficios. Los restos del Líbano se repartieron entre grupos insurgentes con sus propias instituciones y lealtades, y entre las fuerzas de ocupación extranjeras. Entre estas milicias de diversos credos, surgiría bajo el amparo de la nueva República Islámica de Irán el llamado Hezbollah, organización terrorista chiita nacida en la década de los 80, que combatió la ocupación israeli en el sur del país.
A diferencia de los sunitas y cristanos maronitas, los chiitas conformaban una minoría religiosa relegada de la vida política e intereses de la capital, teniendo peores condiciones socioeconómicas. El cargo de Presidente del Parlamento era muy inferior en facultades al resto y carecían de influencia en ministerios, fuerzas armadas o en el sector económico, siendo excluidos de la sociedad. El sur del país, zona históricamente chiita, poseía casi nulo desarrollo e infraestructura, teniendo muchas que mudarse familias hacia Beirut para poder subsistir adecuadamente. Buscando favorecer sus intereses, y con el fin de contraatacar a la invasión Israeli, varios grupos radicales forman Hezbollah ("Partido de Dios" en arabe) en 1982, inspirado y armado por la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán. Tras atentados, combates de guerrilla y una férrea resistencia de un grupo armado con características de ejército profesional, Israel termina retirándose en el año 2000.
La victoria moral y política del grupo le dio prestigio de imbatible, logrando aumentar su apoyo político en el país, demostrar la fortaleza de su brazo armado y, al fin y al cabo, consolidarse como la fuerza político-militar más fuerte en Líbano, con mayores capacidades y carácter que las fuerzas armadas, debilitadas tras años de guerra.
El país, tras la retirada de Siria y el gran fomento al desarrollo y la reconstrucción, recuperó algo de su esplendor anterior a la guerra civil, como gran destino turístico y de inversiones en el mediterraneo, pero siempre con Hezbollah como una especie de estado paralelo que comandaba consignas y políticas propias, pero que nadie se atrevía a tocar por temor a las represalias internas, aunque sea considerado como grupo terrorista por casi todo occidente. Al ser un país donde la política se lleva a cabo por el consenso de los grupos religiosos, resistirse al movimiento puede llevar a una nueva guerra civil. También, la organización chiita profundizó sus lazos ideológicos y estratégicos con Teherán, funcionando en la práctica como parte del “Eje de Resistencia”, conformado por grupos armados afines a Irán con el fin de imponerse contra la influencia de occidente y de "el Gran Satán" norteamericano.
En el año 2006, las hostilidades entre Hezbollah y las IDF (Israel Defense Forces) se retomaron después de que el grupo asesine a miembros de una patrulla fronteriza y secuestre a los supervivientes, iniciandose una incursion y bombardeos israelies en territorio libanes. Posteriormente, el Consejo de Seguridad de la ONU establece un alto al fuego entre las partes, garantizando la seguridad del área con cascos azules, en una misión que lleva desde 1978 y que perdura hasta hoy en el sur del Líbano.
Yendo al plano económico, Líbano desde 2019 está envuelto en una gran crisis económica, producto de su fuerte endeudamiento, redes de clientelismo, corrupción y por la pérdida de confianza de los inversores para invertir en un país tan inestable. La pérdida de valor de la moneda, la caída del poder adquisitivo, el encarecimiento de las importaciones, el aumento del déficit fiscal, la elevada inflación, el crecimiento de la pobreza, el aumento de las tasas de interés y otros fenómenos económicos son parte de la vida diaria en el país mediterraneo. La pobreza ha aumentado considerablemente en los últimos años por la situación económica, llevando a multitudes viviendo en las calles o emigrando hacia lugares más prósperos.
La explosion del puerto de Beirut en el 2020, producto de la negligencia de las autoridades a la hora de almacenar productos químicos, no solo trajo la pérdida de vidas y la destrucción de viviendas, sino también la destrucción de parte de la capital y la dimisión del gobierno por la situación ruin, además de exacerbar la crisis económica, al destruir el puerto más grande del país.
Tras el 7 de octubre de 2023, cuando Hamas inició un ataque a territorio isreli, desde las posiciones chiitas en el sur de Líbano se dispararon cohetes hacia territorio hebreo en solidaridad con los palestinos, llevando a meses de constantes intercambios de fuego entre una potencia nuclear y un grupo fanatico islamico, el cual termina involucrando a su propio país en el mismo. Durante más de un año, el grupo sufrió importantes pérdidas militares y de personal, sobretodo con el asesianto de su líder Hassan Nasrallah y la destrucción de infraestructura, armamentos, bases, talleres y la pérdida de prestigio enorme que conllevo el conflicto, al no haber podido salir tan bien parado de un conflicto con Israel como en el 2006 y por haber involucrado a todo el país en una campaña masiva de bonmbardeos que agravaron aún más la difícil situación del Líbano. Un alto al fuego en noviembre de 2024 llevó a que el estado libanes buscara el desarme del grupo y la toma efectiva del sur, aunque en la práctica el grupo sergio continuó activo como fuerza paralela al gobierno.
Con el asesinato del Ayatolah Alí Jameneí el pasado 28 de febrero, y el inicio del conflicto entre Washington, Tel aviv y Teheran, Hezbollah retomo sus ataques con drones y misiles sobre suelo israeli, gran parte de ellos interceptados por la Cupula de Hierro, pero amenazando a las comunidades del norte. Desde ese momento, Israel emprendio una campaña de bombardeos sobre el sur del Libano y sobre los barrios periféricos de Beirut, acompañados de avances en el terreno, buscando crear una zona de seguridad desde el Rio Litani (o mas arriba) hacia la frontera demarcada. Con ese objetivo en marcha, las fuerzas armadas israelíes incentivaron la evacuación de gran parte del sur del pais, seguido de bombardeos que, aunque avisados previamente, terminaban con victimas mortales y daños a la infraestructura. Alrededor de 4000 personas han fallecido y cerca de un millón se han desplazado por el conflicto. A Israel se le acusa con evidencia de destruir aldeas y los puentes que conectan al resto del país para evitar, en sus dichos, que caigan en manos de los chiitas, pero que dificulta a futuro el regreso de sus habitantes.
El acuerdo entre el gobierno israeli y libanes llegaria por la presion irani, como requisito indispensable para negociar la crisis en Hormuz, impulsando así la Casa Blanca las negociaciones en Washington entre ambas partes. Entre idas y venidas de acuerdos, por ahora se acordó la formación de “zonas piloto” que serán entregadas por israel al ejército libanes, después que hayan despejado el área de amenazas. El gobierno libanes, con un rol pasivo en cuanto a que no actúan como fuerza en el conflicto, impulsa fervientemente el desarme de Hezbollah y la recuperación del sur, buscando además ayuda en armamento por parte de aliados occidentales para darle más fuerza y prestigio a las tropas.
Aunque hay avances, no se puede considerar para nada solventado el conflicto, al menos de momento. El grupo chiita no busca acordar con Israel y tacha al gobierno de sumiso frente a una invasión, y desde Tel Aviv se guardan el derecho a contraatacar, si consideran que su soberanía o prestigio está en juego. De todos modos, si el acuerdo se cumple y si el grupo terrorista queda desarmado, se abre la posibilidad a que se firme definitivamente la paz y se tachen las fronteras entre ambos países, que siguen técnicamente en guerra desde hace más de 80 años.
Abstract: El Líbano, aquel crisol de credos mediterraneo, ha abarcado en los últimos tiempos páginas enteras de los diarios más demandados. Pero más allá del entendimiento general de la situación de dicho lugar, se consideró importante poder dar a entender la historia moderna de dicha tierra, para darle contexto y sentido al público del como, por que y cuando de ese rincón de oriente medio.